Tu voz recuerdo claro como cantos de sirenas que endulzaba mis oídos en mis noches más amargas.
Éramos el mar, lo incontenido , lo fatal, y al final nuestra egolatría, nos transformó en nada, ni siquiera somos un recuerdo.
Por amarte me perdí en el ojo de la tormenta de tu tempestuoso corazón insoslayable.
Y entre los dos, tu predio, libertad sujeta y desafiante, en el bote desinflado que naufraga en el mar, de esta infame apariencia.
Hay un tirano que sujeta el mañana, mientras el hoy se desvanece en el alba,
y otro tirano que desata las guerras, con escudos de corazones oprimidos.
Mi mente desespera por llegar donde no puede, mientras mi intuición es
lanzada como un dardo en la misma dirección.
Te vi, te escuché y de mis ojos brotaron lágrimas como perlas cristalinas
que se estrellaron en la ruta de la decepción a pasos de una estación llamada amor.
La tenue luz de una vela moribunda, con sus lágrimas de cera que van transformándose de a poco en una aureola sedosa , y tú callado en ese rincón,
mientras paso al papel este momento único de estar, y no estar, tan juntos y tan lejos, vaya a saber donde fueron nuestros pensamientos.
Acaricia mi rostro la mortaja, claridad en mi noche más oscura que ilumina con su blanca transparencia mis ojos apagados y llenos de eternidad.
Susana Vanella
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